Durante mucho tiempo la humanidad ha tenido la necesidad de creer en algo, y
esto; dependiendo de cada creencia, cultura, raza, situación política, posición
geográfica, etc. Será variada y adaptable al entorno en que se desarrolle, dando
como resultado la figura de un conjunto de seres o de un ser independiente
todopoderoso que rige el destino de nuestras vidas y del mundo entero, a dicha
manifestación se le atribuye ser el autor del todo, el principio y el fin, la aglomeración
y conjunto de todo lo positivo, benigno y bueno del universo. Ahora bien, si
suponemos y confiamos en nuestro dogma deducimos que un ser tan complejo
también posee una autoridad igual de fantástica (Isaías 37,16-20) -idéntica a su
concepto variante en cada región- también se le asigna un distintivo, en este caso
usaremos el más conocido a como es: “El reino de Dios”.
Para poder hablar de la cosmovisión del Reino de Dios, primero tenemos que saber a qué va este título: en esta expresión se sintetiza la enseñanza más profunda del Antiguo Testamento, pero se debe tener en cuenta que la palabra reino significa también gobierno (en hebreo); así mismo, no se refiere al reinado propiamente dicho sino el dominio del rey. Cabe destacar que en griego basileia del Nuevo Testamento tiene también estos dos significados.
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Pese a ya haber dado una definición etimológica se deben estudiar los diversos matices de significado que contiene la expresión, por ejemplo, en boca de Cristo el "reino" significa no tanto una meta que debe alcanzarse o un lugar, es también un estado mental. Representa una influencia que debe impregnar las mentes de los hombres si quieren ser uno con Él y alcanzar sus ideales; sólo percibiendo estas sombras de significado podremos hacerles justicia a las parábolas del reino con su infinita variedad. A veces el "reino" significa el dominio de la gracia en los corazones de los hombres, por ejemplo, en la parábola de la semilla que crece en secreto y así, también, es combatido y explicado por el reino contrario del diablo y una vez más, es el lugar donde se describe que Dios reina.
El reino de Dios se describe y se manifiesta de gran manera en el nuevo testamento, desde la primera mención que San Juan Bautista hizo, hasta las constantes advertencias y referencias que Jesús hizo a lo largo de su vida, es por esto que a su discurse se le llamo “el evangelio del reino”. Pero, ¿por qué la insistencia de Jesús con el tema del reino de Dios? Vamos a descubrirlo.
Podemos simplemente responder lo más obvio e incluso lo textual: “Jesús vino para
traer el Reino de Dios, es decir para salvarnos, para darnos la comunión con Dios”.
Ya que “Reino de Dios” y “salvación” pueden ser considerados como sinónimos, en
resumen, donde Dios reina hay salvación y recíprocamente. Sin embargo, si nos
remontamos a los orígenes de la respuesta, es decir -siglo III- y citamos la exégesis
católica, tenemos claro que en definitiva “Jesucristo mismo, en persona, es el Reino
de Dios”. En Él el Reino de Dios no sólo ha venido ya, sino que ha alcanzado su
plenitud, Él mismo es nuestro Salvador y nuestra salvación.
Citando el evangelio de San Lucas 17:20-25: "20. Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. 21.Y no dirán: "Vedlo aquí o allá", porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.» 22. Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. 23.Y os dirán: "Vedlo aquí, vedlo allá." No vayáis, ni corráis detrás. 24.Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día." (Biblia de Jerusalén)
Con este fragmento del evangelio de San Lucas podemos profundizar y filosofar mucho sobre el concepto de Reino de Dios, y que mejor manera haciéndolo con datos tan claros como en este pasaje. En primera instancia, Jesús advierte que no se trata de un reino de ejércitos, de emperadores, de palacios, etc. sino que es algo mucho más sutil, menos notorio (una característica notoria en la personalidad de Jesús en vida, al gustar de mantener un perfil bajo entre los hombres) es un gobierno sobre los corazones, cuya ley es la caridad y Cristo es el soberano (otro punto a tomar en prioridad, ya que sabemos que Jesús venció a la muerte para convertirse en el Señor de señores y Rey de reyes).
Notemos como hasta el momento, con todo lo que hemos explicado y analizado, se denota una perfecta armonía en la relación del reino de Dios, la segunda venida de Jesús, como afecta a los hombres y lo mejor, la verdadera naturaleza del reino de los Cielos que nos deja en evidencia que ya está entre nosotros, aunque no completamente. Y quizá se pregunten, ¿cómo es posible que aún no esté completamente si se dice que estamos salvos en Gracia, además que Cristo nos habló de ello en repetidas ocasiones? Antes que nada, siendo humildes, debemos comprender que el reino de Dios está entre nosotros porque Jesús ya ha venido a la tierra y nos ha dejado su presencia. Pero todavía falta algo, no se puede entrar a una casa que esté cerrada, so pena del caso Jesús se describe así mismo tocando la puerta de nuestros corazones en el libro de Apocalipsis “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3: 20). Es necesario que el Reino llegue al corazón de cada hombre. Sólo entonces podremos decir que ya ha llegado en toda su plenitud.
Con todo lo que hemos analizado y estudiado, resta imaginar un plano en donde todos los hombres del mundo sigan estos últimos pasos, imagina que todos los seres humanos vivan en gracia, en comunión con Dios, en amor al prójimo, en caridad y empatía los unos con los otros, es decir, con Jesucristo dentro de nuestros corazones reinando y morando. Solo así podremos afirmar y decir que Jesús, el reino de los cielos, el reino de Dios, realmente al fin ha llegado a la tierra. En resumen, cuando se habla del Reino de Dios, hablamos del reinado de Jesucristo dentro de nuestros corazones, de la unidad y comunión de Su la iglesia, ya que la iglesia de Cristo no vino después de Él, sino que se materializo desde el momento en que el evangelio del reino inicio a caminar por la tierra.
El reino no esta por venir, se esta formando en cada minuto y en cada hora a través de nosotros con cada decisión que tomamos, Cristo lo sabia y por eso está incluido como petición en la oración modelo que nos dejó: “Venga a nosotros tu reino…”



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